En ICC hemos entendido que los principios propuestos por el Dr. John Perkins a través de la Asociación de Desarrollo Comunitario Cristiano, ejemplificados en su propia acción ministerial, nos proveen el mejor modelo conocido sobre los valores que deben regir nuestra misión. Este modelo se refiere a los valores que usamos para evaluar nuestra misión como iglesia, y se lo conoce como “las tres erres”:
a. Reconciliación
Dios nos reconcilió consigo mismo por medio de la cruz, y creó una comunidad que ha de proclamar y vivir esa reconciliación. Esto sucede cuando respaldamos el valor de la evangelización con una comunidad que rompe con las barreras e “ismos” sociales que nos separan y destruyen. El mundo espera ver una comunidad que practica la reconciliación para creer en el poder del mensaje de reconciliación del Evangelio.
b. Reubicación
Estamos comprometidos a seguir el modelo “encarnacional” de nuestro Señor Jesucristo en la práctica de la misión. Por esta razón, es de extrema importancia para la ICC la identificación profunda con la comunidad a la que pertenece. Nuestra iglesia no sólo está ubicada en la Ciudad Colonial, sino que es de la Ciudad Colonial y su ministerio es para la Ciudad Colonial.
El primer paso en la plantación de la iglesia fue la reubicación de la familia pastoral en el sector. Más del 80% de la feligresía de la iglesia es del barrio inmediato, y los que no viven en el barrio son animados a reubicarse dentro de sus posibilidades. Todo nuestro esfuerzo ministerial va dirigido casi exclusivamente a los moradores de la Ciudad Colonial.
c. Redistribución
Para cumplir con la misión de Dios necesitamos recursos. Entendemos que todos los miembros de la iglesia tienen una parte para contribuir en el ministerio. Por ende, gran parte de los recursos para la misión está dentro de la iglesia: dones espirituales diversos, capacidad técnica e intelectual, recursos económicos y logísticos, mano de obra diversa, etc. Proveemos la oportunidad para que otros ministerios y amigos contribuyan con sus recursos al trabajo que hacemos.
Sin embargo, nuestra política es clara: la ayuda externa (en recursos económicos, mano de obra, asesoría, etc.) es un acompañamiento al trabajo que nosotros hacemos, y debe ejecutarse de tal manera que promueva el compañerismo asociado y no el paternalismo ni la “benevolencia opresora”.